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El origen del Gin and Tonic

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El gin and tonic nació en la India del siglo XIX como una manera de tragarse la medicina sin vomitar. Los soldados británicos del Raj colonial consumían quinina en polvo para prevenir la malaria, que en las regiones húmedas y bajas del subcontinente mataba a más hombres que cualquier bala. La quinina funcionaba. El problema era que sabía tan amargo que los soldados la rechazaban sistemáticamente, y un soldado muerto de malaria era tan inútil como un soldado muerto de bala. La solución fue mezclarla con azúcar y agua carbonatada para hacerla bebible: nació el Indian Tonic Water.

Luego alguien, probablemente un intendente sin nombre que merece un monumento, sugirió agregarle la ración de ginebra que los oficiales ya cargaban de serie, y hacia 1825 los oficiales británicos en India ya bebían ginebra con tónica todos los días, convencidos de que era profilaxis médica. Técnicamente lo era. El gin and tonic es una bebida de tres continentes: la ginebra es holandesa, popularizada en Gran Bretaña cuando el rey Guillermo III de Orange llegó al trono en 1689. La quinina viene de la corteza del árbol de cinchona, descubierta en los Andes peruanos por los españoles en el siglo XVII y que según la leyenda fue probada por primera vez en Europa por la Condesa de Chinchón, virreina del Perú. El agua carbonatada la inventó el alemán Johann Jacob Schweppe en Ginebra, Suiza en 1783 — el nombre de la ciudad no es coincidencia, o quizás sí. Todo se mezcló en India bajo el sol del Imperio. Winston Churchill lo dijo mejor que nadie: «El gin tonic ha salvado más vidas y cabezas inglesas que todos los médicos del Imperio.»

Lo que hoy se sirve en copa balón con pepino y enebro en los bares de colonia Roma empezó siendo la única razón por la que el Imperio Británico podía mantenerse en pie en Asia.

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